Las rocas de Reñaca

By @vgalue2/18/2026hive-192096

Era un día nublado en Reñaca, de esos que invitan a caminar por la costa con una campera puesta. El mar estaba bravo, golpeando con fuerza contra las rocas oscuras que se asomaban como dientes de gigante.

Matías, un chico curioso de la zona, subió al mirador natural entre las grandes piedras marrones. Desde allí, la vista era impresionante: el edificio blanco en la ladera, la curva de la costa y, a lo lejos, las luces de la ciudad empezaban a parpadear.

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Mientras observaba cómo las olas espumosas rompían abajo, notó algo extraño. Entre el estruendo del agua, escuchó un sonido diferente, como un tintineo metálico. Se inclinó sobre una de las rocas grandes, la que parecía una cabeza de tortuga, y miró hacia una pequeña grieta. Allí, brillando con cada salpicadura del mar, había algo atrapado.

Con cuidado, bajó un poco por el sendero de tierra. No era fácil llegar, pero la curiosidad le ganaba. Estiró el brazo todo lo que pudo y, con la punta de los dedos, logró enganchar el objeto. Era una vieja moneda de plata, desgastada por el tiempo y la sal. Tenía un grabado extraño, como un barco antiguo de muchas velas.

Matías se sentó en la roca, con la moneda en la mano. ¿Cómo había llegado ahí? ¿Sería parte de un tesoro pirata perdido? ¿O quizás se le cayó a alguien hace mucho, mucho tiempo? El mar seguía rugiendo, guardando sus secretos. Matías guardó la moneda en su bolsillo, sintiendo que había encontrado algo más que un pedazo de metal; había encontrado una pequeña historia escondida en las rocas de Reñaca.



**Foto(s) tomada(s) con mi smartphone Samsung Galaxy S22 Ultra.**

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