La verdad que la foto salió de milagro, porque cinco minutos antes era todo un caos. Hacía un calor de locos, de esos que te pegan la ropa al cuerpo, y mi viejo estaba renegando con el ventilador que hacía un ruido rarísimo. Mi vieja, como siempre, iba y venía de la cocina con las fuentes, controlando que no faltara nada para el brindis.

"¡Dale, vengan que falta poco para las doce!", gritó mi hermano más chico. Él estaba chocho con su remera azul y no paraba de hacer señas con el dedo para que nos apuráramos. Mi hermana, que se había pasado media tarde arreglándose el pelo y eligiendo ese top rojo, se quejaba porque decía que con la humedad se le iba a arruinar todo el look, pero al final se puso al lado nuestro y puso su mejor cara de "acá no pasa nada".
Nos amontonamos ahí contra la cortina blanca porque era el rincón que mejor luz tenía. Mi mamá se acomodó los pantalones de leopardo, que según ella eran para arrancar el 2026 con toda la garra, y mi viejo se puso los lentes derecho por primera vez en toda la noche.
Fue un segundo nomás. El "click" del teléfono y listo. Después de eso ya empezaron los gritos, el choque de copas y el "vayan a buscar el helado al freezer". Al final, la foto quedó ahí guardada, como el primer recuerdo de un año que, por lo menos en ese momento, se sentía que iba a ser de los buenos. Lo mejor fue que, después de tanto lío para sacarla, terminó siendo la única foto de toda la noche donde salimos todos mirando al mismo lugar.
**Foto(s) tomada(s) con mi smartphone Samsung Galaxy S22 Ultra.**

