
Atónito, Brandon observa la fotografía de su bisabuelo William Lizardhard. Seguramente su vida había sido toda una aventura. Recién llegado de España, sin dinero y con problemas del habla, había trabajo incansablemente hasta que enfermó, y solo cuando se detuvo fue cuando empezó realmente a vivir.
El medico le había dado solo dos meses más de vida, pero la vida tenía una historia mucho larga y prospera de lo que el había imaginado.
Cansado, enfermo y derrotado decidió cambiar la vida de una mujer abandonada, pero terminó siendo ella quien cambio la suya.
Ahora, casi un siglo más tarde, el apeido que un día se inventó para encajar en el nuevo mundo, aún esencia de trabajo y superación corría por las venas de sus descendientes que aunque no llevaban su sangre, llevaban su espíritu.
Redacción y dibujo