Relatos relacionados
Claudia y el ojo de pescado

Imagen editada con Canva. Fuente de la imagen: Pexels
Claudia suspiró con pesadez mientras se dejaba caer sobre la silla. Contempló su pie, cuyo empeine estaba cubierto de gasas.
Acababa de regresar de su cita con el podólogo. Le retiraron el ojo de pescado, el cual era provocado por el Virus de Papiloma Humano que se encontraba en el ambiente, de tipo 1, muy agresivo y muy contagioso. La inyección de anestesia que le habían puesto fue dolorosa; parecía que le hubieran pinchado mil agujas, aunque dejó su pie bastante entumido de modo que no sintió que le hayan cortado ni que le hayan cauterizado la herida.
El profesional de la salud de los pies fue claro: Reposo por dos días. No mojar con agua el pie tratado por dos semanas; se puede limpiar el pie con un poco de alcohol en algodón, pero hasta ahí. Si ella quiere bañarse, debe proteger el pie tratado con bolsas.
Claudia decidió que, si bien no se lavaría el cabello por esas dos semanas, sí se asearía determinadas partes del cuerpo para mantener la higiene. Eso de tapar la herida con plástico pues le parecía demasiado engorroso; tenía miedo de que el plástico no fuera suficiente para proteger el pie recién operado y que le entrara agua.
A ello debía añadir la desinfección de al menos tres pares de zapatos que ha usado antes de acudir al podólogo, así como de calcetines usados. Trataba de mantener la calma al respecto, pero Claudia era una paranoica confesa cuando se trata de enfermedades que ha experimentado por vez primera. Y como tal, estaba decidida a no permitir una reinfección.
