Una de las escritoras mexicanas más importantes del siglo XX y de las voces femeninas contemporáneas de habla hispana es, sin duda, Rosario Castellanos, de quien se celebra el centenario de su nacimiento, ocurrido este el 25 de mayo de 1925 en Ciudad de México. Destacó como poeta, cuentista, novelista, dramaturga y ensayista, además de académica, periodista y diplomática. En su quehacer y pensamiento ocupó un lugar central la defensa de la mujer y sus derechos, lo que hace que se le considere una figura principal del feminismo latinoamericano.

De su biografía pueden saber por la referencia arriba indicada. Sobre ella y su obra poética publiqué en esta plataforma un post el año pasado (ver aquí). Esta vez me gustaría dedicar este espacio a pasar la mirada sobre uno de sus libros ensayísticos sobre la mujer, de título muy llamativo: La mujer que sabe latín…, publicado en 1973, un año antes de su muerte.
El libro está compuesto por diez ensayos, la mayoría sobre escritoras, como Virginia Woolf, Simone Weil e Isak Dinesen. Incluye un trabajo sobre la participación de la mujer mexicana en la educación formal, y un ensayo general: “La mujer y su imagen”, en el que me detendré, reproduciendo algunos fragmentos, que comentaré de forma general al final.
Sexo débil, por fin, la mujer es incapaz de recoger un pañuelo que se le cae, de reabrir un libro que se le cierra, de descorrer los visillos de la ventana al través de la cual contempla el mundo. Su energía se le agota en mostrarse a los ojos del varón que aplaude la cintura de avispa, las ojeras (que si no las proporciona el insomnio ni la enfermedad las pravoca la aplicación de la belladona), la palidez que revela a un alma suspirante por el cielo, el desmayo de quien no soporta el contacto con los hechos brutales de lo cotidiano.
La mujer, en estado de naturaleza, no pierde sus nexos con las potencias oscuras, irreductibles a la razón, indomeñables por la técnica, que todavía andan sueltas en el orbe, perturbando la lógica de los acontecimientos, desorganizando lo construido, caricaturizando lo sublime.
Por eso desde que nace una mujer, la educación trabaja sobre el material dado para adaptarlo a su destino y convertirlo en un ente moralmente aceptable, es decir, socialmente útil. Así se le despoja de la espontaneidad para actuar; se le prohíbe la iniciativa de decidir; se le enseña a obedecer los mandamientos de una ética que le es absolutamente ajena y que no tiene más justificación ni fundamentación que la de servir a los intereses, a los propósitos y a los fines de los demás.
(…) vamos a insistir en otro problema. El de que, pese a todas las técnicas y tácticas y estrategias de domesticación usadas en todas las latitudes y en todas las épocas por todos los hombres, la mujer tiende siempre a ser mujer, a girar en su órbita propia, a regirse de acuerdo con un peculiar, intransferible, irrenunciable sistema de valores.
Con una fuerza a la que no doblega ninguna coerción; con una terquedad a la que no convence ningún alegato; con una persistencia que no disminuye ante ningún fracaso, la mujer rompe los modelos que la sociedad le propone y le impone para alcanzar su imagen auténtica y consumarse —y consumirse— en ella.
La hazaña de convertirse en lo que se es (hazaña de privilegiados sea el que sea su sexo y sus condiciones) exige no únicamente el descubrimiento de los rasgos esenciales bajo el acicate de la pasión, de la insatisfacción o del hastío sino sobre todo el rechazo de esas falsas imágenes que los falsos espejos ofrecen a la mujer en las cerradas galerías donde su vida transcurre.
Pero hubo un instante, hubo una decisión, hubo un acto en que la mujer alcanzó a conciliar su conducta con sus apetencias más secretas, con sus estructuras más verdaderas, con su última sustancia. Y en esa conciliación su existencia se insertó en el punto que le corresponde en el universo, evidenciándose como necesaria y resplandeciendo de sentido, de expresividad y de hermosura.
En su ensayo, Rosario Castellanos hace honor a ese género textual y literario. Con una escritura muy poética, creativa, haciendo uso de una fina ironía, cuestiona la imagen de la mujer que histórica y socioculturalmente se ha construido. A su vez, realza el valor único e irreductible de la mujer y la necesidad de identificar y deconstruir esas falsas imágenes.
Referencias:
https://es.wikipedia.org/wiki/Rosario_Castellanos
Aquí el libro completo: https://libroschorcha.files.wordpress.com/2017/12/mujer-que-sabe-latin.pdf
En el siguiente enlace una selección de su poesía:
https://www.palabravirtual.com/index.php?ir=poemas.php&idp=14&show=poemas&p=Castellanos%2C+Rosario





