Hola maravillosa comunidad de los recuerdos.
Esta es mi primera publicación con ustedes y espero que no sea la última, ya que me gusta tener recuerdos y me gusta compartirlos.
Las imágenes que les comparto hoy, realmente, aunque soy yo la estoy en ellas, no es un recuerdo mío, pues era muy pequeña, el recuerdo es más bien de mi madre y mis abuelos, los padres de mi mamá ya fallecieron, pero dice mi madre que ella se acuerda como si fuera ese día.
Hace algunos años, o sea, cuando yo era pequeña, existía la libreta de cupones y, todo lo que se compraba de ropa, zapato, juguetes etc… era por esa libreta, que además tenía una letra y un número.
Cuando surtían algo se compraba de acuerdo a la letra y al número que tenías en tu libreta y así sucesivamente pasaba con todo lo que se vendía. Muchas veces algunas personas no alcanzaban, también las colas eran kilométricas. Muchas veces se hacían colas de varios días.
Pero la historia que les quiero contar, me la contó mi abuela, y mi abuelo también. Mi mamá la ha contado varias veces, es una forma bonita de recordar que yo no era muy dócil y cuando quería algo, era porque realmente lo quería.
Sucede que yo vivía en un pueblecito en la división Tunas- Holguín, que se llama Omaja, en la tienda de Omaja compraban muchas comunidades pequeñas, más de 15 comunidades cerca de allí. O sea, que la cantidad de personas eran muchas más.
La historia grande comienza cuando yo a mi edad de 20 meses de nacida dije que yo quería un velocípedo, un carrito de pedales, una muñeca con cochecito y no sé qué más. Ya eran muchos juguetes, cuando al año solo podías comprar 3, y eran un juguete bueno, uno regular y uno no muy bueno.
Yo quería todos los juguetes buenos y para colmo, dos de ellos, solo los daban por cupones de varón. El velocípedo y el carrito de pedales eran para niños, el resto de lo que yo quería si era por cupones de niña.
Mi mamá se fue a la tienda y cuando regresó, traía un coche con muñeca y una pelota. Eso era todo lo que podía comprar con mi libreta. Y yo niña engreída a la que sus abuelos complacían en todo, comencé a llorar y a hacer berrinches que yo no quería eso y le repetí las otras cosas que ya le había dicho.
Mi abuelo, que no tenía paciencia, regañó duro a mi mamá, le dio dinero y le dijo que comprara los cupones de varones y me comprara lo que yo quería. Y mi mamá que aún era una niña todavía se volvió a ir a la tienda a comprar cupones y poder comprar los juguetes.
Dicen que cuando mi mamá regresó con el carrito de pedales y el velocípedo, yo saltaba de alegría, entonces no sabía dónde montarme primero. Mi mamá para eternizar el momento me llevó a hacerme fotos, pero algunas se perdieron hacen algunos años, por eso solo les muestro estas dos que aun conservamos.
Hasta hoy las historias de mis rebeldías, otro día les podré contar algunas otras. Un abrazo grande.
El texto publicado es original y las imágenes son de mi propiedad, excepto la de la libreta de cupones que es tomada de la red .
English Version
Hello, wonderful community of memories.
This is my first post with you, and I hope it won't be the last, as I love having memories and sharing them.
The images I share with you today, although I am in them, are not really memories of myself, as I was very young. The memory is more of my mother and grandparents. My mother's parents have passed away, but my mother says she remembers them as if it were that day.
A few years ago, when I was little, there was a coupon book, and everything you bought—clothing, shoes, toys, etc.—was bought with that book, which also had a letter and a number.
When they stocked something, you bought it according to the letter and number you had in your book, and so on with everything that was sold. Often, some people didn't get enough, and the lines were also miles long. Often, lines stretched for several days.
But the story I want to tell you was told to me by my grandmother, and by my grandfather too. My mother has told it several times; it's a nice way to remember that I wasn't very docile, and when I wanted something, it was because I really wanted it.
The thing is, I lived in a small town in the Tunas-Holguín district, called Omaja. The Omaja store bought many small communities, more than 15 communities nearby. In other words, the number of people was much higher.
The long story begins when, at 20 months old, I said I wanted a bicycle, a pedal car, a doll with a stroller, and I don't know what else. That was already a lot of toys, when you could only buy three in a year, and they were one good toy, one average toy, and one not so good.
I wanted all the good toys, and to top it all off, two of them were only given out with baby coupons. The velocipede and the pedal car were for boys; the rest of what I wanted came with girl's coupons.
My mother went to the store, and when she returned, she had a car with a doll and a ball. That was all I could buy with my book. And I, a spoiled little girl whose grandparents indulged everything, began to cry and throw tantrums, saying I didn't want that, and I repeated the other things I had already told her.
My grandfather, who had no patience, scolded my mother harshly, gave her money, and told her to buy the boy's coupons and buy me what I wanted. And my mother, who was still a little girl, went back to the store to buy coupons so she could buy the toys.
They say that when my mother returned with the pedal car and the velocipede, I was jumping for joy, so I didn't know which one to ride on first. My mom took me to get photos taken to immortalize the moment, but some of them were lost a few years ago, so I'm only showing you these two, which we still have.
The stories of my rebellions are still here. Another day I'll be able to tell you some more. A big hug.
The published text is original, and the images are my property, except for the coupon book, which was taken from the internet.