Esa mañana en Caracas, el aire se sentía distinto. No era solo el humo que todavía quedaba por allá lejos, después de tanto estruendo; era una mezcla de nervios con una esperanza que te apretaba el pecho. Apenas se regó la voz de que Maduro ya no estaba, de que lo habían sacado, la gente no se fue a las plazas a celebrar de una vez. La primera reacción fue una sola: asegurar la comida.

El "Súper" de la esquina, que siempre estaba medio vacío o con colas de tres horas, se volvió un hormiguero. Yo me lancé con lo que tenía en el bolsillo. No había tiempo para pensar mucho.
Al entrar, el ruido era ensordecedor. No eran gritos de pelea, era el sonido de los carritos chocando y la gente hablando bajito, como si todavía tuvieran miedo de que alguien los mandara a callar.
- Los huevos: Fue lo primero que agarré. Un cartón de 30, pesados, cuidándolos como si fueran de oro porque todos sabemos lo que cuesta conseguirlos cuando la cosa se pone fea.
- La mortadela: Vi ese cilindro azul y lo tiré al carro sin mirar el precio. Es lo que rinde, lo que resuelve el almuerzo cuando no hay gas o cuando la luz falla.
- El "combazo": Encontré unos paquetes rojos de esos que traen 7 paquetes de galletas. "Para los chamos", pensé. Si nos toca encerrarnos otra vez, por lo menos que tengan algo que masticar.
Miré al señor de al lado. Tenía la misma cara que yo: sudado, con la camisa a cuadros medio desabrochada y pegado al carrito como si fuera un salvavidas. No nos dijimos nada, pero con los ojos nos preguntamos lo mismo: ¿Ahora sí? ¿Ahora sí vamos a poder comprar sin que el sueldo se nos deshaga en las manos?
Había una señora más adelante con un paquete de harina PAN y unos productos de limpieza. Se le veía cansada, pero apretaba el mango del carrito con una fuerza... como si estuviera protegiendo lo último que le queda.
Al final, logré salir con el carro full. Mientras caminaba a la casa, esquivando los baches y mirando los restos de lo que pasó la noche anterior, sentí un frío en el estómago.
Tenemos los huevos, la mortadela y el detergente. Pero lo que más pesaba en ese carrito no era el mercado, sino la incertidumbre de no saber qué país nos vamos a encontrar cuando mañana salga el sol.
**Foto(s) tomada(s) con mi smartphone Samsung Galaxy S22 Ultra.**

