Air Fryer

By @vgalue12/16/2025hive-192096

Me resistí meses. Cada vez que iba a comer a lo de Martín o a lo de Laura, el tema era el mismo: "No sabés lo que te cambia la vida", "Las papas salen igual pero sin aceite", "Es un viaje de ida". Yo los miraba con desconfianza, aferrado a mi sartén vieja y a mi botella de aceite de girasol, pensando que era otra moda pasajera, como la máquina de hacer pan que todos compraron en 2020 y ahora usan de maceta.

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Pero bueno, acá estamos. Me ganaron.
Aproveché una oferta y la pedí. Cuando llegó la caja, me sorprendió el tamaño. Es enorme. "Capacidad 6 litros", dice. Ahí entra un pollo entero o comida para un batallón, y yo vivo solo con mi gato.

La saqué al balcón para abrirla porque en la mesada de la cocina tengo que hacer tetris para que entre. Ahí está, todavía con ese cartón protector que parece una cubetera gigante protegiendo "la nave". Todavía no le saqué el nylon, pero ya veo la promesa escrita en la caja: "Ventana de visualización".
Eso fue lo que me terminó de convencer, la verdad. Me gusta la idea de espiar la comida mientras se hace, como si fuera una película de suspenso donde el protagonista es una milanesa.

Me siento medio ridículo sacándole una foto a un electrodoméstico en la mesa del patio, pero siento que es un momento histórico. Es el fin de mi era de olor a frito en la ropa. O al menos, eso espero.

Esta noche se inaugura. Tengo unas papas congeladas en el freezer esperando su destino. Si salen gomosas, prometo no decirle nada a nadie y fingir que son espectaculares. Si salen crocantes... bueno, supongo que me tocará ser yo el pesado que le dice a los demás: "¿Todavía no tenés una? No sabés lo que te perdés".



**Foto(s) tomada(s) con mi smartphone Samsung Galaxy S22 Ultra.**

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