Tentaciones

By @maygor5/7/2018spanish

Los antiguos griegos sabían muy bien que sus relatos míticos no contaban "hechos ciertos", pero sabían que contaban "la verdad". Esta doble concepción —"mentira y verdad"— es muy difícil de entender para el hombre moderno, ya que a partir de la civilización de la antigua Roma se "separó" el mithos del logos —o conocimiento—, primero con el desarrollo del cristianismo medieval y luego con la Ilustración.

¿Qué es un mito?

 
La palabra mito proviene del griego y significa relato o cuento.

La definición que nos ofrece un gran estudioso de la materia como es Joseph Campbell resulta bastante completa. Un mito es un conjunto de formas simbólicas organizadas en imágenes y relatos que representan una metáfora de las experiencias y potencialidades del ser humano.

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Uno de los relatos mitológicos más conocidos es el que nos cuenta las tentaciones de Jesús en el desierto, en donde se adentró para mostrar su poder al Tentador.

Primero fue tentado en el ámbito material… «Pareces hambriento. ¿Por qué no conviertes estas piedras en pan?». Jesús responde: «No sólo de pan vive el hombre, sino de cada palabra que sale de la boca de Dios».

Después fue tentado en el ámbito social o político… En la cima de una montaña muy alta, Jesús ve todas las naciones del mundo. El Diablo le dice: «Son mías. Inclínate ante mí y las dominarás». Jesús lo rechaza y responde: «Sólo a Dios servirás».

El Diablo lo intenta por tercera vez. «Ya veo que eres muy espiritual… Pues arrójate al vacío. Dios te protegerá, no permitirá que te lastimes». Pero Jesús, que sabe que es un hombre y vive en el mundo de los hombres, replica: «No tentarás al Señor, tu Dios».

Jesús superó la tentación material o económica, la tentación social o política, y la tentación espiritual o religiosa. Sólo venciendo las tres consiguió que el Diablo le dejara en paz.

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En el caso de la tradición oriental nos encontramos con un relato similar, el de las tres tentaciones que superó Buda. La primera, la sensual o material, la segunda, el miedo o tentación emocional, y la tercera, la obligación social.

En la primera, el Tentador le muestra a Buda sus tres hermosas hijas. Pero Buda no se inmuta.

Después, el Tentador trata de aterrorizar a Buda con un ejército monstruoso. Pero Buda, que se había fijado a sí mismo en un punto sin tiempo —la eternidad—, no se inmuta.

Por último, el Tentador pregunta a modo de reprimenda: «Jovencito, ¿ya cumples con tus obligaciones diarias?». La respuesta de Buda consiste simplemente en tocar la tierra con la punta de los dedos.

Y así se deshizo Buda de las cadenas del egocentrismo y alcanzó la iluminación.

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¿Qué tiene que ver esto con uno mismo?

 
En ambos casos, Jesús y Buda ofrecen el modo de alcanzar el “segundo nacimiento”, el nacimiento espiritual o descubrimiento del “sagrado corazón”, dicho en términos filosóficos o metafísicos.

Tanto en el caso de las tentaciones de Buda como en de las de Jesús, se trata de una experiencia universal y atemporal, porque sigue repitiéndose en cada ser humano, una y otra vez, a diario, en mayor o menor grado, en la vida de cada uno de nosotros, seamos más o menos conscientes de ello.

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Si somos conscientes, tanto mejor, y si conocemos la experiencia que nos transmiten esos dos relatos, antes aprenderemos a evitar “la tentación” —sea cual sea la forma en la que se aparezca—, y por tanto antes aprenderemos a disfrutar de mayor plenitud en la vida.

Cuesta un poco más, pero como cuenta otro relato mitológico, el cuento de los tres cerditos no se está a salvo del lobo ni en la casa de paja ni en la de madera, sino en la de ladrillo.

Con el relato de los tres cerditos podemos entender mejor a los antiguos griegos. Aunque sabemos que este cuento no muestra "hechos", también sabemos que explica una verdad que uno puede reconocer si abre su mente y su corazón a su enseñanza, porque entre las funciones que cumple el mito, la más importante es la pedagógica, es decir, la de transmitir el conocimiento para guiarnos por la vida.

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