Las cicatrices son marcas... Pero no son una simple marca, pues, detrás de ellas, hay historias.
Las cicatrices suelen ser físicas y visibles, a menudo desagradables a la vista de quien las posee... Sin embargo, como ya mencioné, tras esas marcas hay una historia oculta, hay recuerdos, hay dolor, o quizás felicidad, hay todo un contexto.
Como lo puede ser una cicatriz en la rodilla por caerte de la bicicleta... Allí estará, por siempre, estarás marcado, y cada vez que la veas, volverá a tu mente ese momento, quedada grabado para siempre en ti, la emoción que sentías en aquella bicicleta, el dolor que sentiste cuando caíste, o el miedo, posteriormente, al saber el daño que te has hecho... Las cicatrices dejan secuelas, nosotros decidimos si usarlas a nuestro favor, o si dejar que ellas nos ganen.
Bien existen cicatrices físicas y también emocionales, esas marcas que te recuerdan que no debes caer en lo mismo por una segunda vez; esas marcas que te llevan a tiempos pasados, a tiempos donde sufriste o simplemente reíste, esos momentos se vuelven especiales en tu mente una vez pasados.
A veces las cicatrices son un recordatorio de lo fuerte que somos, y de que, muchas veces, el dolor es parte de la vida, es un recordatorio de qué incluso después de caer una vez, podemos levantarnos y seguir. De que la vida es una sola y no debemos detenernos por un simple rasguño.
Las cicatrices son parte de nosotros, cuentan un pedazo importante de nuestra vida, nos acompañan por siempre, y las odiemos o no, nos traiga malos o buenos recuerdos, seguirán allí, y no podemos negarlas.
Simplemente, aprendamos a amarlas con sus imperfecciones; sus imperfecciones perfectas.
Recordemos que el presente es ahora y que el futuro es mañana, recuerda que una herida sanará y probablemente cicatriz quedará, pero debes recordar muy bien por qué pudiste superar ese obstáculo.

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