Me das un beso y me enoja
saber que tu influencia va más allá
de un simple verso impreso
a la luz de la luna de un viernes
que se desliza sobre tus pétalos.
Dulce mentirosa, venus
y yo una mosca frente a tus ojos
que dice amarte por un momento,
para verte cómo obra de arte,
a contraluz, regalas tus sombras
hasta que la mente se agita
y te odio, con todo mi ser.
Mereces lo mejor de lo peor,
el dulce más ácido,
la reacción más agresiva
y la más real sonrisa
medida en respiraciones
contracciones, visiones
que te hacen conocer
todas las contradicciones
de lo que quisimos hacer.
Terminar tu sinfonía
algida y desposeida
es tu deber, al final
y reconozco, en mi huída
que eres una flor bendita,
maldita, e ingrata
y quiero hacerte con furia
lo que el amor nos delata.
