El único camino que conozco hacia la equidad de la relación entre personas, es la asunción de responsabilidad sobre uno mismo y sus propias acciones, pues al integrarlo como mecanismo rector, lo proyecto y puedo reconocerlo también a nivel colectivo.
Evoco la responsabilidad como mecanismo orientador, partiendo de la reflexión propia, siendo consciente que no pretendo revelar al lector ninguna verdad trascendente ni irrebatible, si no más bien lo contrario.
Mi objetivo es ofrecer elementos para la reflexión ajena, el camino a seguir en la búsqueda del grial es distinta para cada uno de nosotros.
La responsabilidad para con uno mismo, incluye distintos componentes entre los que incluiría como elementos principales: el cuidado del cuerpo físico, el cuidado del cuerpo espiritual y el cuidado de la mente racional.
Siendo este último objeto de la primera parte de esta serie de artículos, por considerar que se haya en el punto intermedio del diálogo que se produce entre lo material y lo divino.
Mi sentido común me inclina a pensar en el cultivo de la conciencia crítica como la capacidad latente que todos tenemos de observarnos a nosotros mismos como espectadores, reflexionar sobre los propios actos y sobre los de los demás.
Incluyo las palabras en la categoría de actos en la medida que producen efectos y que proceden de la reflexión o la ausencia de la misma.
La conciencia crítica enmarcada como la capacidad de poner en tela de juicio los argumentos propios y ajenos, verbales o no verbales, en la búsqueda de un punto de equilibrio que de sentido al conjunto y pondere las acciones y las opiniones.
Así al favorecer el desarrollo de esa conciencia crítica, no solo mejoramos nuestra capacidad de interacción con el mundo que nos rodea en la búsqueda constante que impulsa nuestras vidas, si no que afinamos un instrumento muy preciso y agudo al que denominamos percepción.
http://www.bibliotecapleyades.net/ciencia2/ciencia_conscioussociopol348.htm
