La lúdica poesía amatoria de Santa Teresa de Jesús

2025-03-30T03:49:09

Estamos a 510 años del nacimiento de la monja santa, fundadora de la Orden de los Carmelitas Descalzos, la mística y escritora española Santa Teresa de Jesús o Teresa de Ávila, ocurrido el 28 de marzo de 1515. En el año 2022 le dediqué un post donde hablé de su vida y aportes fundamentales; de estar interesados, pueden visitarlo por este enlace.

Retrato
Santa Teresa fue autora de libros autobiográficos, de una parte, y de libros doctrinales, donde se expresan, en una prosa sencilla, su visión ascética y mística. Sin embargo, escribió también poemas (se conservan unos 31), de un talante lírico particular, inspirados en su actitud y experiencia mística, entre los años 1560-1570, aproximadamente.
Se le suele inscribir en el llamado “Siglo de Oro Español” –que ocupa más de 100 años, pues va de 1492 a 1660, relativamente–, en el que se incluyen autores como Cervantes, Lope de Vega, Góngora, Quevedo, entre otros. Santa Teresa, junto con otro gran místico y poeta: San Juan de la Cruz, refulge por su poesía, en la que destacan las antítesis, paradojas y juego de palabras, que caracterizan el lenguaje poético del inicial barroco español. Así lo podremos ver en los poemas siguientes:

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¡Oh hermosura que excedéis
a todas las hermosuras!
Sin herir dolor hacéis,
y sin dolor deshacéis,
el amor de las criaturas.
Oh nudo que así juntáis
dos cosas tan desiguales,
no sé por qué os desatáis,
pues atado fuerza dais
a tener por bien los males.
Juntáis quien no tiene ser
con el Ser que no se acaba;
sin acabar acabáis,
sin tener que amar amáis,
engrandecéis nuestra nada.
Este es considerado el primer poema escrito por San Teresa, siendo ya una mujer madura, que ha entrado en su experiencia mística. Se observa el juego antitético y paradojal por el que expresa su enajenación y placer contrastante por el sentir de lo divino en su ser.

Ya toda me entregué y di,
y de tal suerte he trocado,
que es mi Amado para mí,
y yo soy para mi Amado.
Cuando el dulce Cazador
me tiró y dejó rendida,
en los brazos del amor
mi alma quedó caída,
y cobrando nueva vida
de tal manera he trocado,
que es mi Amado para mí,
y yo soy para mi Amado.
Hirióme con una flecha
enherbolada de amor,
y mi alma quedó hecha
una con su Criador;
ya yo no quiero otro amor,
pues a mi Dios me he entregado,
y mi Amado es para mí,
y yo soy para mi amado.
Este otro, posterior, se recrea en el versículo 3 del cantar 6 del Cantar de los Cantares bíblico. En la lectura teológica, el Amado es Dios. Pero puede notarse el carácter de embeleso amatorio, rozando lo erótico, de la relación que la voz femenina establece con su amado. Tal éxtasis fue recogido magistralmente en la famosa escultura de Bernini, que reproduzco a continuación.

Éxtasis

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Gracias por su lectura.



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