Arda intenso en su infierno
ya que el cielo ofrecido
le pareció muy ajeno.
Arda en su miseria
Arda en su sonrisa
Arda en su llanto
Arda en sus orgasmos
Arda en sus delirios,
Arda, arda, arda;
Hasta que ni las cenizas
puedan ser esparcidas.
Todos somos santos,
reyes, esclavos y plebeyos;
de esta locura llamada vida
sufro algo de apatía
Ya no extraño tus uñas en mi espalda
Ya no extraño el carbón en mi regazo
Ya no extraño tu cabello en mis manos
Ya no extraño mis manos en tu cuello
Creo que también quiero arder
en el infierno de la indiferencia absoluta
Quiero oscuridad, la luz me intimida
que peligroso es perder.
Original de:
G. P. Florimonte - 2017.