Prestidigitador

By @gregario9/12/2017spanish

Me entrevero con cifras y leyes, con reglas y cuentas, y se me escapa la historia.

Además de hacer desaparecer una fortuna inconmensurable, veloz prestidigitador, Sendic logró pasar por idiota. Esa es la historia. Ante millones de crédulos espectadores, el mago Raúl esfumó una manada de elefantes, apostada sobre un largo tren de carga, que circulaba sobre un portaaviones de última generación. Estaba recién, pero ya no está. Un torbellino de tinta azul, y del pulpo ni rastros.

Como Keyser Söze disfrazado de pobre renguito, bajo las riendas del gran Kevin Spacey, en Los sospechosos de siempre, ya un clásico. Como la carta faltante de Poe, paradita, oronda, en la repisa, sobre el hogar. Este consumado taumaturgo, habituado a jugar a la mancha con las liebres, se armó de no una, sino dos cortinas de humo. Ahora que estoy pensando, fueron tres.

El plan comenzó apenas pasadas las elecciones, ya electo vicepresidente. El Mago Raúl se hizo preguntar por un periodista mordaz si era o no maricón. Con esas palabras, en pleno siglo veintiuno, sí señor. Su hermano es un conocido alegre en plaza, y el hechicero contestó simplemente que no, con la parsimonia del moderno, la amplitud del milenio, y la calma del inocente. Mi apuesta es que si esa apreciación fuera hecha a muchos de los compañeros de correrías de su padre, la cosa habría pasado a las manos. Hace mucho que no sucede, pero te puedo referir dos episodios similares. Paco Ibáñez, de visita por estos lares, no esperó a que el periodista terminara el insulto en pregunta. Le cerró la boca con su mano cerrada. Tabaré Rivero, otro tanto. Qué tiempo aquéllos, en que los insultos eran respondidos con golpes.

Las tretas van in crescendo. En la segunda sube la apuesta. Pero es la tercera la que le garantiza una eterna libertad de millonario. No te vayas que hay más jajá.

Keyser Söze
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