Muy pocas cosas me hacen realmente feliz. Bien hay algunas que me alegran el día y eso, pero no me dan esa sensación de felicidad total. Entre esas las que lo hacen, estas tú.
Adoro mirarte fijamente. Tus ojos me cuentan tanto y a la vez nada. Es como si me perdiera cada que mi mirada está sobre la tuya, como si nos conectáramos cuando eso pasa. Es simplemente extraordinario.
Te pueden decir que tus ojos son comunes solo por el hecho de que no tienen un color llamativo, pero si supieran que eso es lo que más me gusta. Ese negro tan brillante con el que miras a todos, pareciese aun más vibrante y vivo cuando me miras a mi. Y vaya que me gusta que me mires.
El que esa mirada tan cautivadora esté en mi hace que deje actuar como normalmente lo hago, simplemente me tienes a tus pies. Y por mucho que lo llegue a negar, resulta que me encanta; me encantas. ¿Sabes de las veces en las que te digo que no me observes, y digo que me pones nerviosa? Pues sí, en parte sí es así. Pero, por otro lado resulta que quiero que lo sigas haciendo, porque sé que si lo haces es porque tengo tu atención, y amo eso. Ser quién llame tu atención, la verdad no tengo ni idea del cómo lo logré, pero, estoy feliz por eso. Esta felicidad te la debo a ti, y solo ti.
Me encantaría que siempre fuera así, que nunca tuviera un final. Que cada día pueda tener ese placer, el de captar tu atención. Dios, cuanto daría por eso. Y aunque las cosas no duren para siempre, que todo sea efímero, tengo la esperanza de que contigo no pasará. Tú puedes ser la excepción, tengo fe que sí.