
Otra nos la robó nuestro primer
amor en algún momento.
Aquí en este punto la dividimos para
comprar boletos de lotería en el sorteo
de las felicidades en el mundo.
La última siempre se la sabremos entregar de alguna manera a la muerte, con elegancia, amor y viejos rencores o recuerdos, pero la guardamos siempre para ese preciso momento donde todos pagamos el precio de haber vivido, incluso si lo hicimos como gatos.
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