
Encuentro exhaustiva esa perorata absurda,
tormento inefable de una ausencia no pactada.
Estas manos incapaces de asir y forjar,
dejaron correr el tiempo.
He intentado pues día y noche dejar de ser.
Ah, negar, negar.
Niego, y sin embargo, en la repetición
he terminado por constituir
del peor de mis temores una realidad.
¿Por qué? ¿Por qué ha tenido que suceder?
Intentar rehacer es una cuestión trabajosa.
Quizás podríamos ahorrarnos tal molestia
si en primer lugar no construyésemos nada.
Basta pues de la naturaleza fácil
con la cual ensoñamos el pasado
y disponemos del porvenir.
Somos tontos y yo, yo soy el mayor de todos ellos.