El brillo de sus ojos alumbran mis mañanas y hace que cada día valga la pena vivir esta vida dura que uno lleva. Sus palabras son aliento de vida para mi corazón. Su respiración es mi impulso a volar por las nubes cada vez que inhala y su piel es la motivación por la que sigo escribiendo textos de amor, pasión y locura que aún no tienen destino. Cada vez que me toca siento el viento de las praderas, su piel es tan suave como la lana más fina aunque el simple hecho de buscar comparación es un pequeño insulto. La perfección se acerca a ella, así de increíble es. Su nombre solo lo pronuncian los dioses y hasta el mismo Olimpo sería poco para ella.
Admirarla es mi bendición y mi maldición es no tenerla.