
Fuente
El céfiro rebuja temprano mi ánima,
la admiraría si durase todo un día,
ingenioso albor atropella mi cara,
prócer mi alma, la une al deseo.
Remitiendo al espeso bosque,
persigo su quebradizo calor
donde su eterno sosiego mora,
cuan fibras en mí eclosionan.
Maitinada, alba incierto,
sometes mi lánguido cuerpo,
mi delirio, y no miento,
mi gracejo, mi acierto.
Siempre te evoco
y lúcida me esperas después de la madrugada,
no apuro, siempre estoy listo
y cuando fugas, escondo la mirada
y cuando miro, aseveras ser mi amada.
Autor: Gabriel Torrealba @croix