El vaso está medio vacío,
mis ojos saltan hacia él y marchita mi cuerpo,
hay un pequeño charco debajo también.
Aún puedo sentir el humo cabalgando desmedido
a través de mis dedos,
como si acariciara un mal recuerdo.
Mientras suspiro, el humo de mi cigarrillo brinda un poco de amor
a mi mejilla.
Si tan sólo acercara mis labios al vaso,
este humo recelara los dedos y mis torpes manos
tropezarían hasta quebrarlo.
Y es que arremete contra mí el líquido que
contiene ese vaso,
entonces me toco la cara con las manos y una colilla cae ante mis pies.
Puedo recordar que mis ojos perdí.
Se ahogaron en un profundo vaso.
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Autor: Gabriel Torrealba @croix
