
El miedo a quedarse afuera también es conocido como FOMO (del inglés, fear of missing out). El FOMO es un acrónimo raro.En las redes sociales ―#FOMO es frecuentemente utilizado en Twitter y en Instagram―.
Seguramente lo hayas escuchado en alguna conversación, pero no te diste cuenta. Creas o no, el FOMO es una condición psicológica legítima, y nunca fue tan predominante como hoy.
Con el elevado uso de las redes sociales, la condición humana ha ganado nuevos niveles de estrés y de ansiedad.
Una investigación publicada en 2016 en el volumen 14 del diario Journal of Business & Economics Research, destaca la relación entre las redes sociales y el miedo a quedarse afuera:
“Las redes sociales tienen un papel esencial en el FOMO. Mientras es posible que este miedo haya existido desde que los canales de comunicación fueron inventados, no hay dudas de que la presencia de las redes sociales en nuestras vidas han amplificado la necesidad y el deseo (y la oportunidad) de saber qué es lo que los demás están haciendo y diciendo todo el tiempo”.
Vivimos en la era de la comunicación instantánea. Un mundo en el cual las noticias y las redes sociales están presentes todo el tiempo en nuestro día a día. El resultado es que las personas están más sensibles a la idea de que tal vez, en algún lugar, alguien está haciendo algo más divertido, más estimulante o simplemente mejor que lo que ellas están haciendo ahora.
Es por esto que las personas se despiertan en la mañana y lo primero que hacen es mirar sus perfiles en las redes. Ellas quieren saber qué es lo que los demás están haciendo. Quieren sentir que son parte de algo mejor. Quieren saber que lo que están haciendo es tan divertido como lo que los demás están haciendo, y quieren que todos lo sepan.
El mundo actual perpetúa nuestro propio narcisismo a través del miedo a quedarse afuera.
El FOMO hace que nos comportemos imprevisiblemente. Es la causa de los artículos, videos, posts y fotos virales en internet. Es un mundo en el cual las personas quieren compartir sus éxitos o posibles éxitos. Entonces, podemos decir que 2013 ―el año en que las bitcoins ganaron notoriedad y precio― fue el mejor momento para que la mística alrededor de esta moneda haya sido tan persuasiva, ya que las redes sociales también ganaron nuevos usuarios y más atención. Esto atrajo muchas personas que sufrían del miedo a quedarse afuera.
En ese momento, parecía que había una inflación artificial en su precio. Y cuando este precio declinó, se pensó que este era realmente el caso. Pero la comprensión retrospectiva nos muestra que el FOMO no fue algo malo en este entonces. El FOMO también puede ayudar a difundir las buenas noticias ―en el caso, las bitcoins―.
El FOMO de 2013 ayudó a difundir las bitcoins, ya que mucha gente las compró y ganó mucho dinero con ellas.
Muchos quisieron comprarlas para no quedar afuera. A medida que la noticia se transformó en algo viral, aunque por poco tiempo, el FOMO acusó recibo y el mundo digital se metió en las monedas digitales. La profecía se autocumplió. El precio empezó a subir y a subir y a subir, hasta que alcanzó un nivel increíble y generó retornos de más de un millón por ciento.
Pero, como decimos, el FOMO en las redes sociales fue solo el comienzo. Mientras los canales de comunicación empezaron a difundir esta historia, las bitcoins llegaron a las portadas de los diarios. Todos los medios ―BBC, Forbes, Blomberg y Reuters― publicaron noticias sobre el increíble ascenso de esta moneda.
Fue un FOMO global.
Los inversionistas con visión de futuro decidieron prestar atención a este nuevo fenómeno. De la nada, esta moneda digital de la deep web estaba presente en todas las revistas más famosas. Esto aumentó todavía más la histeria y el hype. Y esto no paró ahí.
Fue como tirar gasolina al fuego. Esto nos hace cuestionarnos: y este fuego, ¿en dónde empezó? ¿Si el FOMO lo aumentó, en dónde empezó?
Esto nos lleva a un lugar secreto en internet, en donde se vendían drogas, armas de fuego, identidades falsas y en donde podrías contratar a un sicario (por si lo necesitabas).
Era un mercado digital en donde se vendían ítems ilegales. Las mercancías más populares eran las drogas. No importaba cuál fuera tu veneno… lo encontrabas ahí.
Las personas podían simplemente conseguir lo que querían al encender sus computadoras. No hacía falta encontrarse con un narcotraficante.
Todo podría ser hecho online, sin papeles y de manera anónima. Las autoridades no tenían idea de lo que pasaba ahí… hasta hace poco.
Existía una comunidad ilegal online, en donde las personas podían comprar productos y contratar servicios de manera anónima y segura; no había un rastro monetario a seguir.
Era el sistema perfecto para los personajes nefastos. Era algo real. Lo vimos. No lo utilizamos, pero hubiese sido muy fácil. Este mercado existía en la deep web. Su nombre era “The Silk Road”.
Fue el último mercado negro en las partes más profundas de internet, que la mayoría de las personas no conoce (y no quiere conocer). Lo que todos quieren saber es: ¿cómo nadie se dio cuenta?