Peazo espejo

By @conversus1/17/2018spanish

Siempre me ha gustado vivir al sol que más calienta. Por eso me instalé en Málaga. Nuestra costa del sur es serenamente salutífera. Esta mañana, mientras paseaba cerca de la orilla, me lo confirmaban numerosos jubilados del norte de Europa, unos tumbados en la arena, otros con una cerveza en una terraza: todos al sol, como lagartos.

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La vida ofrecía hoy su lado más amable: un cielo de azul impoluto, una planicie de mar más azul aún, apacible, inmoble… y un cerco de montañas, blancas de las últimas nevadas: Sierra Nevada allí lejos; más cerca, La Maroma y la Sierra de las Nieves. Y en lo alto el sol, presidiéndolo todo, envolviéndolo todo de tibio calor y de luz.

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En ningún sitio como en Málaga he percibido yo tal claridad, tanta luminosidad, semejante irradiación. No soy el único. Qué hermosamente lo expresó Ortega: “Yo también fui ‘emperador’ en el colegio que los jesuitas mantienen en Miraflores del Palo, junto a Málaga. ¿Sabe el lector?... Hay un lugar que el Mediterráneo halaga, donde la tierra pierde su valor elemental, donde el agua desciende al menester de esclava y convierte su líquida amplitud en un espejo reverberante, que refleja lo único que allí es real: la luz. Saliendo de Málaga, siguiendo la línea ondulante de la costa, se entra en el imperio de la luz. Lector: yo he sido durante seis años emperador dentro de una gota de luz, en un imperio más azul y esplendoroso que la tierra de los mandarines. Desde aquel tiempo, claro está, mi vida significa una fatal decadencia, y mis afanes democráticos acaso no sean otra cosa que una manera de despecho…”

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Más castizamente me lo plasmó un compañero malagueño, al extrañarme yo de tanta luminiscencia: “¿Pero no has visto el peazo espejo que tenemos ahí abajo?”

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PS: Toda las fotografías son propias

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