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Días muy largos y monótonos, era habito ver el amanecer cada día, su presencia era algo sagrado ese ritual en el que el sol brillaba para dar paso al día y luz a aquella oscura velada que era la noche.
Fueron pasando los días desde contemplar el primer amanecer, lo cual fue algo mágico e increíble, jugar con la noche y descansar contemplando su partida, tan hermoso suceso.
Con facilidad me acostumbre a eso, igual como lo hice con su presencia. Los días pasaban y solo el amanecer esperaba y día tras día mas en ella pensaba, aunque me lo había limitado era algo muy constante e improvisado. Le aposte mucho a esto y mucho perdí, pero ahora tenía algo, ese algo era de valor infinito para mí.
Siempre con aquel amanecer deseaba tenerla a mi lado y aunque fuera mía no la tenía del todo.


Ramón Rodríguez, Sexto amanecer. (2011)
Fuente de las imágenes: pxhere.com
