
Decir adiós nunca es fácil, se ha vuelto cotidiano tener que despedir a amigos y familiares porque se van del país en busca de una mejor vida. Esta vez me ha tocado despedir a una personas muy importantes en mi vida a mi primo Jostib y a mi mejor amiga Valeria, ambos tuvieron que salir del país por la situación que pasaban sus familias. Valeria tuvo que emigrar junto a su madre a Chile ya que no tenían para llevarse las tres comidas a la boca, su madre consiguió un trabajo como nutricionista allá y así al menos pueden comer como se debe, a ella la sacaron del liceo hace unas semanas y justo este sábado partieron a Santiago, seguiremos en contacto pero... ¿cómo se puede dar un abrazo a través de una pantalla? ¿cómo puedes compartir momentos si hay cientos de kilómetros en medio? Es difícil llegar a la escuela y ver su asiento vacío u ocupado por alguien más.
Con Jostib es más difícil, tuvo que dejar a su esposa embarazada de su segundo hijo, a su madre y a su hijo de siete años mientras él tomaba un autobús rumbo a Ecuador, ya no podían con los precios, las deudas y las enfermedades que surgían, ahora mi primo está allá buscando empleo y sosteniéndose apenas vendiendo galletas. Al menos puedo estar tranquila porque tiene un techo y come mejor en compañía de otro familiar, está esperando a tener el dinero suficiente para llevarse a su familia con él.
Soy testigo de como su hijo llora al dar las siete de la noche ya que esa era la hora que él salía del trabajo, y de como su esposa llora cada vez que le escribe; lo más triste de su situación es que no va a ver nacer a su hija.
Con este mensaje me despido, hasta la próxima publicación.