Todos los días me levanto muy temprano para tomar el camión que me llevará al trabajo, el cual es un camión sucio y llenó de toda clase de criaturas, pasa cada media hora, por eso se llena tanto.
Bueno como les iba diciendo el camión se llena mucho, la gente va muy apretada y todo mundo se avienta, por eso me lastimaron la patita y la cadera y ahora batallo mas para agarrar el camión, la otra vez ni siquiera lo alcancé, caí y el veterinario me dijo que no podía trabajar cuatro días, eso no estuvo tan mal, pero varios meses después todavía me duele.
Después de un árduo día de trabajo, llevando gente al lomo y tomándome fotografías con demasiada gente para mi gusto, al fin es hora de regresar al establo, estuve esperando el camión como una hora, pero como quieren subir el precio del transporte, pues reducen el número de camiones, cierran las ventanas y apagan el aire acondicionado, así es que la gente va toda sudada, pero al menos va, esta vez, ni eso, de repente que se detiene el camión enfrente de mi y que me subo rápido y me voy hasta atrás para poder alcanzar algo de aire cada vez que abren la puerta, pocos minutos mas tarde el camión estaba lleno hasta las escaleras.
Que sueño da cuando hay poco aire y uno viene cansado, no se en que momento me quedé dormido, pero unos gritos de "dame la cartera" me despertaron. Cerca de la puerta delantera, un tipo con un cuchillo enorme, empezó a quitar carteras; yo estaba muy nervioso, pero luego vi que los que estaban cerca de mi, de volada sacaron su cartera para entregarla, hasta un oso enorme que estaba justo enfrente de mi la iba a entregar como si nada, entonces yo me relajé y saque la mía, listo para ser asaltado, pero nada que llegaba el carterista, hasta que alguien dijo: "Guarden sus carteras, ya se bajó el asaltante". Al parecer no pudo avanzar mucho porque el camión venía demasiado lleno, bueno algo bueno tenía que salir de este hacinamiento...
Cesar Layama