Solo ver pasar el tiempo

By @abelarte4/26/2026hive-179291


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55, 56, 57, 58, 59...
El reloj frente a nosotros se quedó detenido a las 11:59:59 segundos del 31 de diciembre del 2100. Fui el único que se percató de aquel detalle en ese instante. Los demás gritaron "!Feliz año nuevo!". Algunos se besaron, otros abrieron el champagne y ninguno en absoluto, notó que los relojes se detuvieron a la misma hora.
Al pasar el rato (los minutos se habían extinguido en ese entonces), comenzaron a notar el extraño hecho y a comentarlo entre todos en la fiesta. Fue imposible restablecer la hora. Por más que le intentaban dar vuelta a las manecillas o configurarla en los celulares, nada cambiaba un solo segundo.
Decidí revisar si internet funcionaba, y sí. Funcionaba. El caos reinaba en la red de redes. La noticia del cese del tiempo, hora a hora fue el tema del momento. Y fue, hora a hora porque sucedió en cada zona horaria. Por primera vez desde el establecimiento del horario mundial, todos teníamos la misma hora.
Los religiosos hablaban del castigo divino. Otros, que era culpa del calentamiento global. Algunos menos, que estábamos viviendo en la Matrix.
Excéptico de todas aquellas teorías conspirativas, me concentré en dejar que el tiempo..., el rato, momento... lo que sea, pasara y ver qué sucedía. Así que continué navegando por internet. Algo triste fue descubrir las noticias de los suicidios en masa y los disturbios en las cárceles por todo el mundo. De los incendios en los edificios, accidentes aéreos y otros hechos dolorosos.
De este modo, el sol salió y se ocultó una docena de veces y no se había podido determinar una sola forma de llevar la hora.
De pronto, fue esperanzador ver cómo algunos médicos contaban mentalmente para administrar un medicamento. Descubrir eventos deportivos con nuevas formas elegir el ganador. Millones de personas que habían descubierto la manera de adaptarse a las circunstancias. Fue en ese momento que mi reloj volvió a andar: 59, 58, 57, 56...
No sé las teorías que se crearán de diciembre a enero de este 2100. Solo espero ver cuando llegue el 1 de enero a las 00:00:01 segundos. No sé si el resto se haya percatado de esto aún.



Preferidos por el pueblo

Nunca se sentía tan libre y feliz como cuando era llevada a la plaza. El pueblo vitoreaba y clamaba y ella, como siempre, les respondía. Se hacía limpiar hasta quedar reluciente. Luego vendría la soga para elevarla. Era posible que ella fallara, pero no temía. La altura prometía una caída vertiginosa y mortal. Eso le gustó, no era su primera vez. El vocerío se incrementó cuando la vieron allá arriba. Sabían que iba a caer en cualquier momento, pero eso no era importante, solo querían sentir la sangre brotar. El momento llegó. La soltaron. El pueblo calló su grito. Mucha tensión. El aire silbó a sus costados. Cortó el viento, la carne. El hueso. Solo cuando la cabeza rodó, embarrada de sangre, aplaudieron y clamaron su nombre de nuevo.



The most wanted

Nunca te lo he ocultado, Laura, siempre te he dicho que me encantan los niños. Me fascinan. Cada vez que los veo correr, reír, saltar por ahí, mi corazón se acelera. Siempre he querido tener uno, o dos. Me los imagino sentados en mis piernas, con sus ojitos mirándome y la sonrisita infantil en sus pequeños labios. Me encanta cuando me tocan con sus manitos tan pequeñas. Tan inocentes. Los niños son bellos y no hay nada más lindo ni que me haga tan feliz que jugar con ellos. Quiero que me comprendas, Laura, es algo que siempre he querido, no es nada nuevo. Laura…
No he venido a tu celda para que me convenzas. Hoy soy tu abogada, Joe. Empecemos de nuevo, mañana frente al jurado no lo puedes repetir…



Lo que realmente sabes es…

Pues claro que se iba, qué otra cosa podía hacer, el tiempo se había agotado y se iba, se iba muy lejos.*
Hola y Adiós
Ray Bradbury

El anciano Will decidió que había aprendido lo suficiente durante su vida y despidió al joven caminante. Cerró la enorme puerta de hierro de su casa y salió también al camino, había llegado el momento de compartir su sabiduría. De Europa, donde no había nadie más sabio que él, bajó al África; sin embargo aprendió que el sol allá es más fuerte. En nueva Zelanda, que la belleza de los paisajes existe también allí. En Asia aprendió que millones, juntos, pueden ser felices. Cruzó el gran océano y vio inmensas cataratas que debieron haber sidas talladas por Dios. Caminó y fue viendo cosas que nunca había visto en su vida.
Un día llegó a una casa, tocó a una enorme puerta de hierro y un sabio anciano, luego de abrirle, le preguntó: ¿Qué desea, joven?

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