mamaemigrante
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MarluyE

mamá que trabaja, productora de contenidos, amante de la creatividad en todo nivel

Argentina

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mamaemigrante
· a day ago

▶️ Cada mañana, Rosalía tenía una rutina luego de despertar. Tomaba su bicicleta para ir a la panadería a buscar el pan recién horneado, luego por el mercado de frutas y terminaba en la pollería para comprar lo que cocinaría de almuerzo.Rosalía era muy querida por todos los que la veían pasar, manejando con destreza su bicicleta, sobre todo porque más de uno se impresionaba de ver a una señora de 76 años hacer los mandados en las mañanas y luego pasear por las tardes usando la bicicleta verde que había dejado su hijo luego de mudarse con su esposa, a la cual le colocó una cesta improvisada en la parte trasera, donde guardaba sus compras.Una tarde, justo cuando salía para sus rondas en bicicleta, hizo que un chico que venía corriendo chocara con la rueda delantera mientras salía del edificio, por lo cual se cayó y de inmediato, dos policías llegaron hasta él para apresarlo. Se trataba de un ratero que había robado en el supermercado de la esquina y por casualidad fue pillado por una patrulla que pasaba en ese momento.Luego de agradecerle su cooperación, los policías se lo llevaron, mientras el joven, que no tenía más de 20 años, gritaba improperios a Rosalía."Maldita vieja! Me las vas a pagar!"Ella, no salía de su asombro, pues involuntariamente se había convertido en la heroína del día, todo por salir a dar su acostumbrado paseo y sacar la bicicleta sin antes mirar a los lados. Capaz el destino le tenía esa sorpresa, pues luego de volver de su paseo, la prensa la esperaba con la intención de entrevistarla por su hazaña.Inclusive su hijo apareció por esos días de vuelta a casa, cosa que no solo le alegró el alma, sino que la hizo reconciliarse con los recuerdos de los días que vivía con ella. Ese día él le hizo el almuerzo y hasta se quedó para el café de la tarde. Ya cuando era la hora acostumbrada de salir a pasear, Ignacio le pidió a su madre qu

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mamaemigrante
· 1 days ago
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mamaemigrante
· 3 days ago

In my childhood, vacations were always about visiting cousins in the countryside. We lived near the capital city, so the change from having concrete all around us to a backyard with trees, dirt, and contact with nature was what excited us when vacation time came, I believe even more so than being tired from school activities and routines.The journey was by bus, a five-hour trip with one transfer, which initially frustrated us because heading to the plains area meant seeing so much green, many cows, and a straight road (without curves), but we learned over time to recognize the villages we passed through. The final thrill was when we crossed the train tracks (although the train did not run, its rails were still there), signaling that we had arrived.It was a whole month spent between my grandmother's house and that of my mother's sister, as even though my paternal family also lived in that city, our contact with them was practically nonexistent.From those days, I remember learning how to climb trees with my cousins, as being the only girl, I had to adapt to their games and activities. Playing with a rubber ball, a kind of improvised baseball, was one of the things I enjoyed the most, especially because my cousins took great care to not hit me with the ball or make me fall.At some point, they would adapt to my feminine side, and we would play house, where they pretended to eat arepas made with mud, or soups with twigs and stones they found in the backyard. Of course, after that mud bath, we all ended up covered in brown and the aunt allowed us to use the hose to bathe there and wash off all the mud before going into the shower. It was then the start of a new game: we were firefighters and buildings on fire, soaking ourselves until we were tired.The warm nights were no problem because with so

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mamaemigrante
· 3 days ago
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mamaemigrante
· 4 days ago

▶️ Tal y como mi usuario lo dice, soy emigrante, y ello ha llevado que no solo mis hijos y yo tengamos que adaptarnos a una nueva cultura, sino también adoptar sus fechas y sus símbolos patrios; aunque confieso que igual sigo perdida en qué día se celebran algunos, trato de adaptarme lo mejor que puedo.En ese sentido, tener hijos en edad escolar me ha ayudado mucho, ya que entre los actos de sus escuelas, los días sin clases y las canciones que les enseñan, han ido calando en mi subconsciente, llevándome a recordar tanto las fechas de nuestro país Venezuela, como las de Argentina.Con mis hijos he debido también documentarme sobre la historia, para poder ayudarlos en sus deberes escolares, y este volver a aprender los pone a ellos a pensar a donde pertenecen, si al país que los vió nacer o al que por el contrario los está viendo crecer y formarse como individuos.La respuesta es simple, ellos serán ciudadanos del mundo, con un poco de ambas culturas, con lo cual su riqueza en conocimientos y en maneras de adaptarse a los cambios está por encima de la media.En algún post anterior hablaba sobre cómo suelo llorar cada vez que escucho el himno argentino, pero también me emociono cuando he visto a mis dos niños, cada uno en su momento, portando como escoltas la bandera de este país que nos abrió las puertas. Acaso somos argentinos truchos? pues el amigo @cre47iv3 dice que somos argentinos adoptados, tal y como ha pasado con muchos otros emigrantes llegados a esta tierra. Mi bandera siempre será la de mi país Venezuela, pero honro y respeto también la de Argentina, traída por el General Belgrano por el río Paraná, así como la de Venezuela fue llevada de la mano del Generalisimo Francisco de Miranda, a través de la vela de Coro. Coincidencia? Probablemente si, pero en ambos casos, fue un General con visión de libertad quien presentó al resto de los ciudadanos, el símbolo que nos unifica como Nación.Veamos con respeto y esperanza ondear nuestras banderas al aire, pues como latinoamericanos nos unen muchas cosas, así que sea tricolor o celeste y bl

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mamaemigrante
· 5 days ago

▶️ En mi época como asistente de producción en el extinto canal RCTV, las jornadas laborales eran realmente largas cuando tocaba entrar al estudio, ya que aunque era divertido ver cómo lo que leíamos en los libretos era actuado y modificado por los actores, también resultaba un trabajo extenuante, y ya a mitad de la tarde, el hambre empezaba a hacer sonar las barrigas de los técnicos, quienes aprovechaban los cortos períodos de receso, para hacerse lo que ellos llamaban "patas pa´rriba".Solían turnarse para ir a comer ese snack, siempre a escondidas de los productores, que eran quienes podían hacerle un llamado de atención, pero aunque yo pertenecía a ese grupo, me había ganado su afecto y podía pasar de estar en la gerencia a ser parte del departamento técnico sin ningún inconveniente de parte de ninguno de sus miembros.Una tarde, el jefe de camarógrafos me dice: "¿Quieres ir a comerte un patas pa´rriba?" y yo extrañada le respondí. ¿Y eso que es?. Me llevó de la mano al cuarto técnico donde estaban unos 4 ó 5 más, quienes parecían ratoncitos comiendo con temor.Muchachos, tranquilos que es Marlu, haganle un patas pa´rriba a ella también, y fue en ese momento en el que un simple sandwich tuvo un sentido diferente para mi, pues era más algo de complicidad, compañerismo, pero sobre todo de cooperación entre ellos.Hoy lo quise replicar en casa, y realmente al comerlo volvieron a mi tantos recuerdos lindos de esos años y de los compañeros de entonces, algunos que ya han partido de este plano.Y aunque es una comida realmente sencilla, yo lo llevé a un nivel un poco más alto, agregándole rodajas de tomate y cebolla, y unas cuantas hojas de lechuga.Que hermoso fue para mi retroceder más de 20 años en el tiempo con una comida tan sencilla y económica, que para muchos representa la falta de dinero o tiempos de desesperanza, pero que en mi caso, resultaron unos he

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