En la noche de ayer, como presagiando este “Miércoles de ceniza”, falleció en Ciudad de México un entrañable amigo, que entregó gran parte de su vida como docente y en otras funciones a la Universidad de Oriente (Cumaná, Venezuela) y a la ciudad. Hablo del profesor Daniel Romero Pernalete. En los años difíciles del régimen autoritario enquistado en Venezuela, se vio obligado a irse del país, y emigró con parte de su familia a México. Sé que Daniel hubiese querido volver a residenciarse en su amada Cumaná, pero no pudo ser.
Como se destacó, desde hace tiempo, en la escritura y publicación de microrrelatos en Facebook e Instagram, los que leía con gran agrado, decidí rendirle en memoria este post con tres microrrelatos escritos a partir de su partida.
Que descanse en paz, nuestro querido Daniel.

La ciudad era para él un ancho mar que podía mirar desde Cerro Colorado,
hasta que llegaron los rojos, mandaron a parar,
y todo fue tierra arrasada.
…
Ciudad de México se había hecho su refugio obligado,
aunque sabía deleitarse con sus jalapeños, a falta de los chireles,
y sus tortillas que le rememoraban el maíz de las arepas de su patio.
…
Había escuchado ese día aquella malagueña: “Me voy de aquí, quizás no vuelva nunca / Me voy de aquí, quizás vuelva mañana”. ¿Era ese su dilema, o su destino? Sintió el hondo latido de su corazón,
y pensó en aquel “mar de la esperanza”.





