
Notas del día
Desde la concepción hasta la entrega, las ideas atraviesan distintas etapas.
Cuando estás consciente de lo que buscas, puedes evaluar en dónde estás, ya que el enemigo más grande de la creatividad es la duda.
“Un barco puede enfrentar el más duro huracán, pero no la desolación de saberse perdido en altamar.”
¿Y entonces qué pasa cuando no sé en dónde estoy ni tengo un punto de comparación en relación con lo que estoy creando?
No diría que es fácil, pero si dedicas tiempo a identificar las etapas de cualquier cosa que haces, terminarás viendo las partes que la componen. Así, la segunda vez que transites ese camino, podrás encontrar tus huellas. A eso, en el mundo empresarial, le llaman “sistematización”. Aunque suene robótico o industrializado, es parte del proceso de todas aquellas personas que repiten una actividad una y otra vez.
Ahora, ¿qué pasa si sí sé dónde me encuentro?
Entonces puedo comenzar a tener una relación más profunda con mi obra y a ver sus posibles mejoras. Por ejemplo: ¿qué le sobra? ¿Qué le falta? (teniendo todo el material sobre la mesa).
Luego podemos evaluar si todas sus partes son igual de consistentes. En la primera etapa, lo único que importa es la creatividad más cruda y pura. Después, podemos darnos el tiempo de ver si están hechas de la manera correcta, o si, en el estilo que buscamos, es mejor algo más sutil o necesita algún tipo de refuerzo. Así es como aparecen distintos puntos de vista desde los cuales observar la obra.
Otra de las sensaciones que tengo constantemente es la de preguntarme: ¿hasta qué punto le estoy quitando lo fresco, simple o natural a algo que estoy revisando?
Es una pregunta muy válida, y siento que puede haber más de una respuesta. Pero también sé que cada persona atraviesa muchas etapas en su vida, y que la “perfección” suele ser un síndrome que ataca con más fuerza en las primeras etapas de nuestra vida como creadores. Con el tiempo, el intelecto busca otro tipo de soluciones para sentirse saciado.
Incluso en la torpeza hay sentimientos que comunican cosas muy especiales. Si no lo crees, revisa tu lista de artistas o canciones favoritas: muchas veces no eran los más intelectuales ni los más sabios, viéndolos en retrospectiva.
Al final, al observar una obra completa, revisamos cuánto comunica y qué sentimos al respecto.
Creo que eso es lo que realmente importa.
Algunas personas se ponen tiempos límite como forma de reto personal, para ver qué pueden hacer en cierto periodo. Al llegar a esa fecha, cierran todo y evitan sobretrabajar la obra. Personalmente, ese punto me encanta y siempre lo intento. Pero también suelo quedarme un poco más, disfrutando algunas partes una segunda, tercera… o hasta una cuarta vez.
Si de algo te sirve: intenta anotar, a tu modo, cada una de tus etapas.
Comenzarás a descubrir cómo piensas en relación a tu proceso.
Es fascinante.
Pronto lo notarás...